Sus pasos se volvían cada vez más pesados. Su mano se alargaba sujetando por la empuñadura una majestuosa katana tan liviana como una pluma. Sus ropajes de samurai, desgarrados, siseaban al viento de la negrura que lo rodeaba.
Sus ojos ahora irradiaban odio. Ira. Coraje. Hacia sí mismo y las absurdas circunstancias. Y en su reflejo se veía el cuerpo yaciente de su ansiada. Postrado en el suelo, aún formaba una sombra de color sobre tanta oscuridad, una silueta perfecta de lo que fue un día su eterna felicidad. Pero ahora se encontraba sin vida, cabellos caídos como olas de oro estallando sobre el suelo… y a su lado erguido, con la mano sujetando temblorosamente un ruñido revolver, ese vil lacayo… incapaz de pensar por él mismo, incapaz de usar su lógica para nada mas… como un animal asustado, solo pendiente de su propia existencia y necesidades, de sentimientos equívocos y embolados.
Y apretando su palma contra la empuñadura, dirigió su mirada a él, con todo su coraje, y vio todo aquello por lo que había luchado destruido por las manos de alguien que se ha dejado vencer, y sabía que no la podía merecer. Sucio traidor inmovil…
Cortando el espacio intermedio siguió avanzando para sentir de frente su presencia. Para que su mirada solo se quedara a un palmo.
La mano temblorosa del lacayo no aguantó más la tensión, y el dedo apretó una segunda vez el gatillo que rato antes hizo desaparecer el último suspiro de su dama. La bala atravesó su pulmón, perforándolo… pero el samurai aguantó la respiración, su último suspiro, y siguió caminando hacia su destino.
Nuevamente el dedo reaccionó, y la bala desgarró su corazón de un tajo. Pero era tal su rabia… que la sangre siguió corriendo por sus venas sin más, su propia maratón de sensaciones y sentimientos, con tal fuerza y presión que empezó a correr, redirigiendo la hoja de la katana; Y quedándose a solo un palmo de su mirada… atravesó el corazón del lacayo.
La sangre caía tras él, desde el filo hasta el suelo. Un goteo como lágrimas de errores cometidos en pasadas vidas. Un lamento que se iba perdiendo conforme su cuerpo iba cayendo, hasta terminar sin aliento, sin existencia, en un sueño eterno; Ese liberado lacayo… de su propio miedo y amo librado. Mientras el samurai se quedaba mirándolo, aún aguantando su último momento.
Se giró, y se acercó lentamente al cuerpo de su soñada alma… tan lentamente como el que lleva un tarro colmado de sus recuerdos a punto de desbordarse. Y tornó la cara de ella hacia él… buscando algo de luz para descubrir la faz que siempre estuvo en sus sueños. Acariciando su pelo, surcando con sus dedos la nuca, y agarrándola fuertemente para retener unos instantes más su alma.
Y en ese instante y momento, bajó su cabeza y besó sus labios… dejando escapar su último suspiro retenido… todos sus sentimientos… llenándola a ella de vida y ganas de existir. Y su femenina figura dio un leve movimiento, un estremecimiento de entre sueño… para posteriormente abrir los ojos de nuevo. Su corazón volvió a sentir, y sus pulmones volvían a estar llenos de vida… Renaciendo cual ave Fenix… para entonces mirarlo a sus ojos… mirarse mutuamente… por última vez… mientras el brillo del samurai se terminó por perder, y ella entre sus brazos fuertemente lo agarró… para siempre su alma… poderla retener.
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